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jueves, 8 de octubre de 2020

DETENIDAS LÁGRIMAS NEGRAS III.

 

Sufro la inmensa pena de tu extravío
Siento el dolor profundo de tu partida
Y lloro sin que sepas que el llanto mío
Tiene lágrimas negras,
Tiene lágrimas negras como mi vida.

 

[Letra y música de Miguel Matamoros]

 

Pareciera que la novela negra escrita en Cuba para la isla y desde el archipiélago está sometida a prisión, lágrimas negras cautivas. No indicaría esto que la noir no se erige en mentes ahora mismo, menos negar que pudiera estar engavetada esperando vientos favorables. Caso que el escritor tenga en usufructo la gaveta un pendrive o un hueco en la pared del cuarto. Sí eso, la novela emparedada como el gato de Poe.

Pero el tema investigador privado cúspide de la noir es un diseño extraño al contexto cubano — ¿actual? No está permitido y se borró de la legislación. No se añadió al «trabajo por cuenta propia» ¡qué intríngulis!, y el Código Penal vigente más toda la selva lóbrega del derecho positivo señalan peligro. Sí riesgo si te metes a investigador privado que negocia honorarios. Como abogado no señalaré el articulado que violentaría con sus acciones el que lo intente. Se lo dejo a la calificación en las conclusiones acusatorias al ministerio fiscal. Que por cierto, buenos fiscales hay en el sistema mixto cubano: acusatorio e ¡inquisitivo!

Sin investigador privado se rompería la magia de la novela negra, casi un documento sin pasión y gloria si carece de esta creación absolutamente genial. La verosimilitud está hecha para evadir las cadenas de la aburrida realidad pero inviste gran desventaja: no lo haces bien, el muñeco parece de cartón. Una realidad por bien contada podría resultar increíble, mientras que una mentira contada con verosimilitud todas la de cumplir con sus efectos. En post anterior escribí del encuentro con la somatología de mi detective o investigador privado. Él mismo recortó en mi mente los rasgos de lo que perseguía y no encontraba y puse manos a la efigie. Advierto se trata del problema físico. El interior estaba aún antes de inventarlo o descubrirle el saco.

Contra toda epifanía el investigador privado sigue aún confrontando un problema legal acuciante. Al no existir en el terreno de la legislación «no existe». Pero esto lo hace increíble. Y a la vez, verosímil. Nadie impide ni la más draconiana de las juntas legales que un hombre, una mujer, se consagren forzados por la circunstancia a operar como detective. «Soy yo y mis circunstancias» y estas le obligan investigar por su cuenta a favor de otros, crímenes y asesinatos, ahogos sociales y corrupción. El mundo cada vez más interconectado con mafias y estados —persona jurídica internacional— que prosperan en el delito supranacional lo privado adquiere influjo de sobrevivencia. Y el investigador o detective privado solo, por primera vez solo, contra la corrupción interna y externa que le toca a la puerta.

La noir cubana escrita o no, pensada o por elucubrar diagnosticada o en espera del escritor para diagnosis, investigará en estos campos en barbecho. Con soltura puede caminar sin bastón o auxilio La Habana capital del crimen con los dolores de la violencia, prostitución, mafia y drogas. Fuimos el puerto de la Carrera de Indias y aún seguimos rodeados de agua. Salada, con sabor a lágrimas negras. Y mucha sangre. Alea jacta est, dice Suetonio que dijo Julio César. La suerte está echada.

domingo, 27 de septiembre de 2020

DETENIDAS LÁGRIMAS NEGRAS II.


TIEMPO DE LECTURA, 4:38 min



Tú me quieres dejar
Yo no quiero sufrir
Contigo me voy mi santa
Aunque me cueste morir

 

El extravío de la novela negra ¿publicada? en Cuba parece no vislumbrar por el momento un ancla que la sitúe bajo la lupa del investigador. De corpus ha cuerpo en un putrílago documentado y probatorio. Prueba de su deriva por esos mares del mundo, haciendo escalas o arrimando a tierras más providenciales que publiciten sus historias. Más que prueba, indicios de lágrimas negras en la Jungla de la vida que las editoriales del patio no prestan atención.

Es un llanto incontenible, mercado existe. Si te detienes en una librería CUP —Peso cubano—, atestada de libros de sobrada ciencia, la compra-venta no es nada halagüeña. Si motivado por un simple olfato detectivesco indagas con los que por allí se pasean mueven la cabeza en un código de señales. Es fácilmente descifrable, no se necesita la máquina Enigma: «esto no es lo que me apetece, quiero leer una buena historia que atrape». En un último suspiro elimina el «Me», la primera persona del singular, en un gesto solidario: «una vez que la lea, la paso».

Por historia se refieren «los buscadores de los libros perdidos», a una verosimilitud con tendencia a lo artístico, sea criminal, negra, histórica o policial. En este último caso las prefieren rubias. Diría el señor Marian Adam Rejewski el matemático que descifró lo de la máquina de marras, que no la codician verde olivo. Saturados los buscadores de la finalidad educativa de los seriales de la televisión, sentenciaría el polaco.

Un experto de estos lares, en proporción al polvo del Sahara aparecen y prosperan en determinadas épocas de sequía espiritual, me hizo una confesión. Un inicio de expediente de fase preparatoria, la Ley de Procedimiento Penal tiene a la «confesión» elemento de arranque del Todo o Nada en la investigación. Consideré ajustado a derecho ponerme en guardia. Se me acercó al oído.

«La culpa, sopló con aliento a ajo y aceite, la tienen los propios escritores». Debí haber puesto algún tipo de facha de estólido despavorido porque Sahara continuó. Le designé Sahara. «Dan una mano, y se cogieron el cuerpo. ¿¡Qué es este país para estos copistas medievales, atontados de la pluma fácil y pedestre, un estercolero, un antro de la perdición, la defecadora internacional?! ¡Por Dios, no!»

Se marchó con su música a otra parte, puede que al Instituto de Literatura y Lingüística al cruzar calle al otro lado. Estaba yo de visita en el Bufete Colectivo cerca de allí para consolar a una novia, colega a la que no le gustaban las noir. Pero revirtió Sahara como si hubiese olvidado alguna cosa. Una suerte de contraataque en base a la sorpresa. Traía intenciones de utilizar un arma de extinción masiva. Nada de cianuro.

«Debieron imitar a aquel literatillo cuyas novelas policiales son cuentos de párvulos, y todo parece sucio pero no lo es». «Incluso mezcla con maestría culinaria arroz con pollo y ron barato, amasijo que a mí me mataría al acto».

Meses después me dijeron que estaba en el consejo asesor de una editorial. Escribía poemas nocturnos con el director, enemigo jurado y combativo de la noir y de la policial rubia o platinada. Las perspectivas siguen llorando lágrimas negras. Y los buscadores de libros perdidos, sin opciones. Principalmente porque cuando se vendieron libros de editoriales foráneas en la Librería La Moderna Poesía, eran en CUC —Peso cubano convertible, 1CUC = 1,08USD. — y carísimos.

Yo pasaba y los leía de pie. Nunca tuve un quilo para comprarlos. Los marcaba con un papelito y al otro día regresaba. En ocasiones el papelito no estaba, pero apelaba a la memoria. Así me leí buena parte de los thriller y policiales, hasta que me descubrieron y me declararon persona non grata. Debo decir que la declaración de la administración fue «personæ non gratæ» en plural.

El que me desmarcaba papelitos, un pobre lector como yo, era el Plural. Me invitó a arroz frito, de pie, cerca de allí. El físico de «Plural» me sugirió un detective privado. Hablaré del detective ¿privado? en un próximo post, en Cuba y su acción. Contigo me voy mi santa aunque me cueste morir

miércoles, 23 de septiembre de 2020

DETENIDAS LÁGRIMAS NEGRAS I.

 

3:35 min de lectura.

 

Sufro la inmensa pena de tu extravío
Siento el dolor profundo de tu partida
Y lloro sin que sepas que el llanto mío
Tiene lágrimas negras,
Tiene lágrimas negras como mi vida.

 

El tema novela negra en Cuba se ha transformado en un delito de difícil resolución. La opacidad de contar a lo noir pareciera que se disuelve en una mancha de acetato tropical. Pero ni siquiera el genio Lam con su cuadro al óleo «La Jungla» puede resolver el crimen de la falsa claridad. Ni esparciendo su luz en la negritud y con su viento, que se siente, secar las lágrimas negras de mi vida, y la tuya, lector.

El propio óleo, canto espiritual a la desdicha humana, «visto» con los ojos de un cubano que sabe reconocer de qué trata, es novela negra. Sí como lo leen tus ojos. A la pregunta hace unos años de un español que lo tiene en póster de qué creía le dije eso: pura noir. Su casona al Oeste de La Habana no posee nada de negra, y por fortuna era, es, un lector empedernido de negras y policiales. Alguna entidad lógica debió encontrar el culé en aquella observación. Impresionado por la cercanía del cuadro, nunca he estado en el Museo Arte Moderno de Nueva York, ni en un corazón de Manhattan: noir tropical. Mi disparo al cerebro de las interpretaciones cerradas.

Así se sume al cuerpo social una falsa creencia de que todo ¿anda bien?, los escritores conocidos o no de noir son asaltados por historias. De crímenes cometidos por una fauna de gente marginal en su forzada marginalidad que grita con desespero qué es delito. El delito es toda acción u omisión socialmente peligrosa prohibida por ley bajo conminación de una sanción penal.

Pero sucede que es un concepto del Código Penal que se les da bien a abogados, tratadistas y expertos, lo sé. No así a los que deben decidir sobre qué se publica en Cuba. Y por tendencia, para no ser absolutos, las editoriales no se han enterado —¿o sí?— que el delito es eso: hacer o no hacer alguna cosa que la sociedad considere peligrosa. Que el delito está en el aire como el amor, las plagas, los virus en forma de minas marinas, y los atormentados y maniáticos fichados.

Desde los intentos por no dibujar héroes acartonados o delincuentes necios que se rinden ante la sagacidad de la policía, hasta los vagos cooperantes arrepentidos. Ha sido esa la traza a lo largo de unas cuantas páginas y no pocas horas tediosas de trasmisión televisiva.

Materia existe en ambos sentidos —soporte libro y audiovisual— que han escapado de esto marcando pistas a seguir con una sagacidad que invita a continuar. No han sido multiplicadas como panes y vino en el ambiente creativo, por desánimo, falta y carencias del escritor[a] asediado por protervas decisiones. No es más —no quiere ser menos gusta de la brújula— que otro homo sapiens en la jungla de Lam. Busca su mejor sendero para escribir e ir viviendo en los caminos tentadores y enredados de lo posible.

El intríngulis se podría resumir en varias hipótesis. ¿Qué hace un autor de noir cuando escribe sobre lo que conoce, el delito: la apología del crimen, crítica de la sociedad en que vive? ¿Propaganda enemiga, como he escuchado por ahí? ¿Destapar lo que debe estar escondido en alcantarillas y si es posible expulsarlo vía Sifón bajo la bahía del alcantarillado de La Habana?

La novela negra es Jungla de Lam que llora lágrimas negras. En el siguiente post pesquiso el tema. Sufro la inmensa pena de tu extravío.

jueves, 17 de septiembre de 2020

IMAGIANCIÓN CREADORA: CARLOS ENRÍQUEZ. 



Este genio del arte cubano, pintor y escritor, siempre me ha cautivado desde que lo conocí en un póster, que reproducía esta obra. «El rapto de las mulatas» lo tenía pegado en la sala de una casa en la que viví con quince años. El embrujo de este señor pintor fue más inefable —¡cómo si mereciera explicación!— cuando lo tuve frente a mí en Bellas Artes. Murió alcohólico y con los huesos rotos y toda su vasta pintura interna murió con él a los 56 años. Sé lo que es llegar a los 56. No tiene explicación tampoco. Como la pregunta que me persigue, qué fue de su perro querido. Lo cierto, si es que existe en la vida de un artista alguna cosa cierta, es que pintó el «Rapto…» y fue premonitorio. Como las pinturas del hambre y la pobreza. Aún me cautiva. Al igual que Ponce. Pero Ponce me aplasta. Es mucho para mí, sobre todo en las tardes de lluvia. De modo que cuando visito Bellas Artes, tienen una biblioteca de excelencia con su gente buena dentro de ella, me entrevisto con Ponce. Pero de inmediato hablo con Carlos Enríquez que me fortalece e impide que me paralice en los huesos rotos y los perros perdidos.

miércoles, 16 de septiembre de 2020

 DE LA IMAGIANCIÓN CRADORA DE NOIR AL ACTOR. 


Me permito unos segundos para transcribir la descripción —interpretada a su vez por el traducir— de Sapade, que hace su creador. «La mandíbula de Samuel Spade era larga y huesuda y su barbilla una V que sobresalía bajo la V más flexible de su boca. Las ventanas de su nariz se curvaban hacia atrás para formar otra V más pequeña. Sus ojos de color gris amarillento eran horizontales». La descripción continúa pero considero esto suficiente. El cine con el embrujo de la imagen, y la televisión que alcanza un poder de factura estética que cautiva al más exigente, han pautado. Las pautas sobrepasan al escritor que crea a su detective privado en las sombras angustiosas de su trabajado solitario. Si ese escritor alcanza la suficiente venta de libros como para incidir en la mente de un productor, el tema personaje se tambalea. Como en el acantilado, pasa de su creatividad dolorosa —¡no me digas colega que te es fácil crearlo porque no me lo creo!— al impacto. Obvio aquí lo evidente. De plácemes el escritor que gana más dinero cuando su obra es traducida al cine o a una serie televisiva. Digo que su detective tiene que sufrir una transformación de su personaje iniciático al actor, que creará a su vez, otro personaje físico. Y será otra creación más. Al cabo de los años, que no pasan de balde sino para dejarnos experiencias y dolores, el exceso de «Vs» de Hammett nada me dice. Ningún lector escapa, a mi modo de percibirlo, a este hechizo del buen actor. En mi caso tengo que hacer una labor de concentración, tocar las trompetas delante del arca de los recursos, para escapar de una personalidad subyugante. Lo único que reconforta es el momento único cuando se establece una línea mágica entre el escritor y el lector. El escritor ha creado un personaje o un selecto grupo de ellos, que el lector crea a su vez en su imaginación. Y esto la única razón de ser del misterio.

miércoles, 2 de septiembre de 2020

NIÑOS MUERTOS PERDIDOS EN LA CIUDAD.III

 


«La señal más segura de que se está en presencia de un estúpido es cuando se está delante de alguien que está contento de todo». 

GIOVANNI PAPINI [Papini no es digamos uno de mis preferidos, por su colaboración con el fascismo. Escribió una «Historia de la Literatura Italiana» que consulto a ratos y «La historia de Cristo». Por eso lo cito.] 


De modo que un buen día todo desapareció. Desaparecer aquí tiene estrecha relación con demolición. Se había convertido en un hábito apreciar a la montaña art decó prisionera en una empalizada de palos y cercas ahuecadas. Desde los 90ss el Hospital Infantil en la manzana Avenida de los Presidentes, F, 27 y 29 no era más que un casón embrujado. Lleno de murciélagos y de sus hermanos sin alas que habían tomado por asalto los Seis Mil metros cuadrados para protegerse de los elementos. Entonces había hambre y miedo, pero como era zona de hospitales, al menos luz artificial. Si es cierto lo que me dijo la viejita que limpiaba el piso con un cepillo y aserrín, los niños allí desde junio de 1935 se salvaban de la muerte. Los que no, soy un agnóstico lleno de dudas y sigo las líneas de aserrín de la viejita, encontraban la Puerta con mayúscula. La Puerta en un lugar no ubicado por los vivos, pero que se sospechaba en los dos pisos superiores en el área de los quirófanos. Al producirse el fallecimiento, el niño caminaba hacia la luz intensa que lo acaricia, y calma el dolor. La desesperación de ver a los padres sufriendo desaparecía, la criatura invitada a dar el último paso para entrar en un mundo de juegos. Referencia única fuera del efecto paranormal que esto era cierto o había sido así, fue del Chino, practicante de la Teosofía. Era entonces usufructuario gratuito de un cuarto en «El Hormiguero». Este hormiguero es un extraño edificio que se levanta en el acantilado de un hueco del Vedado en calle F y E. Por un pasillo no apto para quien padece de acrofobia, se va de calle 21 a 19 o inversamente en cuestión de segundos. Resulta que el Chino había saqueado para la remodelación interior los azulejos de los quirófanos. Montó su cocina, reparó el baño y plantó una taza de inodoro que tenía una marca de aquellos de 1935, robustos como un trono. El Chino, que tenía por costumbre sentarse en las interesantes tertulias de la Vida que se daban con buena vibra en la gasolinera. Situada en 21 y D poseía la mágica distinción a sus contertulios y como moderador al pistero don Ramón. El Chino me contó que una vez terminó su cuartico, listo para traer a una tunera 30 años más joven comenzó a escuchar llantos. Siempre de noche, y juegos infantiles. Se repitió sin variaciones hasta hacerse insoportables. La tunera, de Jobabo, decidió dejarlo arguyendo que aquel cuarto estaba embrujado, ¡cosas del demonio! El Chino tuvo toda mi credibilidad. Hasta un día que se filtró que fumaba mariguana como un demente. En un registro que le hicieron —la brigada antidroga estaba cerca— ocuparon cocaína en cantidades que sobrepasaban al estricto consumidor. Terminó ahorcándose. Dejó la consabida carta del suicida, sólo unas palabras: «Los niños muertos en el Hospital Infantil Pedro Borrás, están perdidos en la ciudad».

martes, 1 de septiembre de 2020

NIÑOS MUERTOS PERDIDOS EN LA CIUDAD II.



«Cuando hay un gran deseo, aún durmiendo se desea. ¡Qué he dicho! Aún en el delirio de la fiebre se continúa deseando... en la agonía se desea... ¿Qué digo? Hasta los condenados a muerte desean». ROBERTO ARLT


El grito en Anatomía Patológica era de la viva ante el muerto. El muerto un niño de 8 años. La viva, la madre. La madre estaba casi muerta. El niño había acabado de fallecer tras una dolorosa batalla contra el cáncer. Más larga que los 45 kilómetros del río Almendares. La madre había entrado en shock y al reponerse, entre lágrimas y quejidos, salió de la habitación. Lo había calculado todo. Con un detallismo que recordaba el puntillismo de los neo-impresionistas. Se apostó, como yo, con una amargura lacerante ante la crueldad de los hechos. La orden de «hacerle autopsia al fallecido» había venido de arriba y no admitía apelaciones. Se había fumado más de 7 cigarrillos de aquellos horribles «Populares» de 1.60 la cajetilla en la semioscuridad de los pasillos. Evadiendo quejas y llamadas de atención de enfermeras y una viejita que arrastraba un cepillo por el suelo con un poco de aserrín. Se detuvo bajo una lámpara fluorescente que parpadeaba nerviosa, en los estertores de sus últimos momentos. Apretó fuerte la tijera en la mano contraria a la del cigarrillo y caminó con decisión. Todo el odio que sentía por la vida y la gente que la vivían, la impulsó como un resorte. Las declaraciones a posteriori, ante un agente de la unidad policial de Zapata y C corroboraron las deposiciones de testigos y permitieron un croquis. El trayecto agresivo se había iniciado con un detonante, la muerte de su hijo, y el impulso un golpe de catapulta. De pronto la Vida perdió el sentido para ella, sintió desprecio por los vivos que ni siquiera merecían vivir. ¡No tenía derecho a vivir! Y menos… ¡mucho menos, la hija de mala madre que picaría a su hijito! La atacó a minutos de que el escalpelo y todos los instrumentos de carnicería patológica desmembrasen aquel cuerpo que amaba. Los bracitos que había besado, el cuerpo que había defendido con pasión y agresividad de todos los embates de la Vida, de sus brutalidades. Esa cabeza que había besado ahora sin pelo y sin sueños. ¡No lo permitiría! La atacó con las tijeras, de frente, con el impulso de una canción infantil que vibra como un tren en su cabeza miserablemente viva. La atacó directo a la cara mientras su hijito dormitaba para siempre en una fría mesa de acero inoxidable bajo una lámpara fluorescente que daba chispazos como presagiando el apagón de la Vida. La oscuridad. La ceguera de los sentidos. En los instantes en que la tijera cortaba los brazos de la técnica del escalpelo con la sierra de los mil demonios apareció una sombra. Era un policía que siempre andaba por allí con su traje azul desteñido y que entonces comprendí cuál era su función. La detuvo y la montaron en un «Lada» de patrulla con luces azules encendidas, a los que la gente había nombrado Blanca Nieves. La viejita se me acercó y me dijo que me calmara. Me descubrió alterado. Tenía 70 años y había hecho lo mismo en los últimos 25. «En este hospital, me enseñaron los viejos médicos a mí, —la viejita me habló sin soltar el cepillo—, hay una puerta». «Una puerta grande, de mucha luz, a donde llegan los niños cuando mueren, aquí, en este hospital de niños». «Todos los fallecidos pasan la Puerta con mayúscula, y viven para siempre, juegan y siempre son niños, aquí, sólo aquí, desde el año 35». Me fui con mi novia de pelo negro y corazón de 19 años a la posada de 24. Pedí ron añejo y le dije que se pusiera el uniforme. Hicimos el amor tantas veces como nunca antes y nunca después. Y lloré sobre sus senos.

lunes, 31 de agosto de 2020

NIÑOS MUERTOS PERDIDOS EN LA CIUDAD.I



 «¿De qué servirían nuestros errores si no nos enseñaran a conocernos mejor, si no nos sirvieran para rehacer nuestra vida, en vez de destrozárnosla para siempre» JACINTO BENAVENTE. 


En el «espacio vacío» en las fotos que tomé hace dos años se erigía una montaña art déco que salvaba la vida a los niños. Si la montaña no lograba vencer la muerte, les cedía la posibilidad de vivir para siempre. Este edificio para rápida ubicación, se encontraba en el Vedado a metros de calle «G» y frente al monumento al Mayor General José Miguel Gómez. No conocí su interior como enfermo. Más bien de enamorado de una enfermera acabada de graduar a la que le habían dado un Seiko y un par de cómodos zapatos. Yo tenía 21 años y un exceso de testosterona apurado. Reconozco que entonces me encantaban hasta el delirio las enfermeras. Ahora con 58 años esto ha cambiado un poco. La filosofía que los niños al morir entraban por las puertas del paseo eterno, se había arraigado en el hospital infantil desde 1935. Inaugurado el 30 de junio de ese año con el nombre de Hospital Municipal de la Infancia, tenía cuatro plantas y solárium. Los elevadores que conocí en 1982 eran los de entonces con una puerta del tipo acordeón y chillaban como un perro herido. Mi enfermera tenía el pelo negro y el corazón de 19 años. La técnica de Anatomía Patológica –la que hacía las necropsias- la amaba sotto voce y me odiaba con todas las fuerza de su escalpelo. Una noche aparecí en el ya entonces Pedro Borrás. Un ritual. Cantaba la canción Fanny (Be Tender With My Love) de Bee Gees hasta llegar a los bajos y esperar su salida. Cuatro minutos de «Avenida de los Presidentes» hasta la puerta. Sólo cuatro minutos, tiempo de la canción. Los cuatro minutos que a veces me asaltaban con una cierta y bien reconocible felicidad lacerada por el egoísmo. Mientras yo era el tipo más feliz del mundo, había en la montaña art decó gente sufriendo. Niños que morían en esos cuatro minutos.

Ya había marcado en la posada de calle 24 en el mismo Vedado, cerca del río Almendares. Las colas eran largas como los 45 kilómetros de recorrido del río, así que había que asegurar. Hacer el amor cerca a la desembocadura, único y mágico, a pesar de que mis amigos tenían otra denominación. Se escuchó un grito desesperado. Era en Anatomía Patológica. Había un cadáver infante, y un ser vivo, con ganas de matar.

miércoles, 26 de agosto de 2020

PERSONAJE ÚNICO E INDIVISIBLE: SUEÑO ETERNO DEL ESCRITOR. III. FINAL

 



«En una sociedad gobernada por el terror, no hay ninguna declaración que sea vinculante».

El director a Tomás en «La insoportable levedad del ser».

 

Para la construcción de personajes un escritor de novela negra o policial utiliza métodos de otros contadores de historias. Al menos a mí me parece esto plausible y modélicamente aconsejable. Lo que sucede que la creación del personaje y los constituye un proceso complejo para lo que se requiere talento.

No mencioné en estos posts a Milan Kundera por su sola referencia. El maestro checo es un creador notable de personajes inolvidables como Sabina, Tomás y Teresa, en «La insoportable levedad del ser». No recarga de descripciones físicas y en ocasiones ni siquiera se detiene en representaciones de ambientes. Sin embargo, puede que en la historia de la literatura este trío sea uno de los mejores logrados, en tres y de uno en uno.

Una sobredosis de intenciones y amor. Viven delante de nuestras miradas así leemos y actúan en acciones físicas creíbles y nos sensibilizan y convencen, sin que necesitemos el espía interior. No quieren que metamos drones en su cuerpo, menos en sus mentes. La vigilancia de cualquier tipo y sistema mata la creatividad. Por eso existen regencias con sus métodos que envenenan el arte. Lo convierten en un terreno pantanoso, cuajado de «kitsch», con todas sus implicaciones conceptuales y debates.

Actúan los de Kundera en un escenario bien delimitado por el escritor y lloran, sufren, hacen el amor, mueren aplastados por un camión. Que es lo mismo que morir abatidos por un sistema del que quisieron escapar. Aunque en un momento lo habían hecho. Atraídos por la fuerza de atracción gravitatoria en el absurdo del espacio-tiempo y alcanzaron la inmortalidad más allá de lo literario.

El genio llamado Chandler otorgaba a la creación de personajes una posición de pináculo, no de miriñaque. Un ejemplo de la combinación a la que he referido de personaje literario bien logrado y llevado a la pantalla, es Rocco Schiavone. Bien articulado por el autor de las inmejorables novelas, Antonio Manzini, e interpretado con una humanidad que produce dolor, por el actor Marco Giallini. Todo indica que Manzini es un creador de novelas con mucho de noir que «trasladó» a Schiavone su experiencia como actor o más, su sensibilidad actoral. Las personalidades actorales obvio pueden destruir o inmortalizar en la pantalla la creación que genera el escritor en su soledad creativa.


Esto me lleva con manos esposadas al asunto de la creatividad en la novela policial o el subgénero, la noir. En un Estado de Derecho, y en su contrario, un terreno hostil, donde impera la falta de garantías ciudadanas, ¿qué esperar? ¿Qué posibilidades en manos del detective privado en una hacienda de indefensión y espacio cruento donde la vida puede valer su peso en oro? En el sentido negativo. El oro no se mide en beneficio propio, en favor de «Otros», el plural más reducido de la historia política.

miércoles, 19 de agosto de 2020

SUEÑO ETERNO DEL ESCRITOR. II

 

Así que el señor Milan Kundera no se detiene mucho en las pinceladas del aspecto físico de sus personajes e incluso no mucho en su mundo interior. El espía profundo que desvela los pensamientos del personaje no se lleva bien con el maestro checo. 

No obstante los personajes de, un ejemplo, «La insoportable levedad del ser», alcanzan una cota altísima en la creación de protagonistas inolvidables. Para Chandler, el genio, la novela policial debe ser realista en lo concerniente a los personajes. Advierte que muy pocos autores prestan atención a este «detalle» que consideran latoso. Se trata de tener o no tener el talento para crearlos. A esto, los que obvian su creación como hecho y acto artístico, alegan que el «problema» ya es suficiente. O sea el misterio: qué se busca, cómo, cuándo, de qué manera, etc., suplen lo que Chandler delimita en sus charlas y escritos como imprescindible. Un buen personaje en una buena atmósfera aún mejor, que a su vez, convierta en superior un «simple personaje» en un héroe superior. Para el fallecido en La Joya, California, la creación del personaje tiene puntos de génesis. Por el método subjetivo de introducirse en la mente del personaje y su emociones, el espía que rechaza de plano Kundera. Por el método objetivo, o sea el dramático, con el que sintoniza el maestro checo. Esto es, se plantea su desarrollo en un escenario. Aparece ante nosotros en una conducta determinada, ética o antiética, y un lenguaje cursi, fatuo, elemental, culto, de «slang».Y el método histórico o documental. Ejemplo de este último, «A sangre fría» del señor Capote, a quien la crítica calificó discípulo de Poe. Pero insisto, y con este tema termino en un próximo post, la imagen vino a complicarlo aún más. La capacidad creativa del escritor se puso a prueba fraguándose en una tensión que no termina. Vueltas de tuerca que lo ponen, al escritor, en una evaluación constante. Nunca antes con el reinado arrollador de la imagen, el escritor ha estado más expuesto. Y a la vez, nunca tuvo que batirse más duro y salir airoso en su investigación.

martes, 18 de agosto de 2020

SUEÑO ETERNO DEL ESCRITOR. I 


Un escritor ajeno a las complicaciones de la novela policial y negra como Milan Kundera es reacio a la descripción detallada de los personajes. Al ser abordado por seguidores, expertos e interesados sobre el tema, sus respuestas piezas de enseñanza. Se conoce que las clases en narrativa y de creación literaria hay que tomarlas con cuidado y hacerte de las partes que te acomoden. Existen sin embargo partes difíciles de obviar. Pertenecen al acervo de lo que ha dado resultado en la comunicación. De lo que funciona y te crea, además, cierta adicción. Kundera explicó al ser interrogado por su casi predecible poca descripción del aspecto físico de sus personajes, que no era su intención detallar cualidades físicas. Ni Kaffa ni Musil, explica Kundera, lo hicieron. Sus pinceladas en el dibujo de la persona física son escasas, a veces, nulas. O casi «poco vistas». Para el maestro checo Musil rompió el viejo pacto de que el personaje es un simulacro de ser viviente. Es, advierte Kundera, un ego experimental, un SER imaginario. Don Quijote es casi impensable como ser vivo. Sin embargo, en nuestra memoria —la mía sigue obnubilada con este flaco, su rocín y su amigo gordinflón— no existe un personaje más vivo que él. Para Chandler en lo que a la novela policial refiere, el personaje puede ser creado de distintas maneras y sobre estas maneras estaré escribiendo en los días subsiguientes. La creación de policial y noir ha generado tantos comentarios en estos días entre contertulios, que lo merece. Y sin demérito del cine, que por la arrolladora personalidad de actores «monstruos de la naturaleza» han venido a complicar aún más la construcción del personaje. Porque la perfecta novela policíaca —me sigue soplando Chandler— no puede escribirse. Siempre hay que sacrificar algo.

DETENIDAS LÁGRIMAS NEGRAS III.

  Sufro la inmensa pena de tu extravío Siento el dolor profundo de tu partida Y lloro sin que sepas que el llanto mío Tiene lágrimas ne...